Tras abandonar los patios anteriores, entramos en el Partal.

En esta zona de la Alhambra habitaban las familias mejor posicionadas de la ciudad.

Todo lo que hoy son jardines, antaño fueron hermosos palacios y villas de nobles.

El edificio más completo que aún se mantiene en el Partal es el Palacio de las Damas o Torre de las Damas.

Este es el que hay tras el gran estanque, asomándose a la muralla.

Lo que ha llegado hasta nuestros días de este palacio muestra una gran belleza, pero no es visitable.

La pequeña habitación que hay a la izquierda del Palacio de las Damas, si miramos hacia el estanque, es el oratorio.

Este lugar, como nos indica su nombre, estaba reservado para la oración.

Su interior es de gran belleza, siendo su mirrab el centro de esta maravillosa sala.


Aquí finaliza la visita a los Palacios Nazaríes.

A buen seguro, cuando recordemos nuestra estancia en la Alhambra, sentiremos la imperiosa necesidad de volver a visitarla.


La salida la haremos subiendo por la escalera que hay frente al Palacio de las Damas.

Por cierto, en la parte alta, a la que nos lleva esta escalera, existió otro palacio del que hoy solo quedan sus cimientos.