El Palacio de Carlos V ha suscitado a lo largo de la historia admiración y rechazo a partes iguales.

Admiración por la envergadura de la obra y rechazo por su emplazamiento en el corazón de la Alhambra, junto a los Palacios Nazaríes.


Comencemos desde el inicio de la historia.

Tras el matrimonio de Carlos V con Isabel de Portugal, estos deciden realizar un viaje a Granada.

Carlos V queda maravillado por la Alhambra y decide construir aquí su residencia real.

Su decisión fue que debería estar junto a los Palacios Nazaríes, por la admiración que el monarca siente por ellos.

Posteriormente, los antiguos palacios serían conocidos como Casa Real Vieja y el de reciente construcción como Casa Real Nueva.


La construcción del palacio se financió, casi en su totalidad, con los impuestos que se recaudaban a los moriscos que permanecieron en Granada tras la reconquista.


La historia quiso que en el año 1.

568, estallara una rebelión morisca.

Este hecho, eliminó la principal fuente de financiación del palacio y sus obras tuvieron que detenerse.

El edificio quedó inacabado hasta el siglo XX, cuando casi en estado de ruina, fue terminado de cubrir y habilitado para un uso museístico.

La gran paradoja del Palacio de Carlos V es que jamás ha cumplido su misión, ya que en él nunca se ha alojado ningún monarca español, ni si quiera su promotor.

Antes de entrar, oigamos una descripción de la fachada.